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domingo, junio 20, 2010

CARLOS PEÑA DESACREDITA A POLITICOS DE LA CONCERTACIÓN

 

LOS POLITICOS DE LA CONCERTACION SALIERON DESACREDITADOS

 

Profanos e iniciados podría ser la tónica . Pero en política  durante  los gobiernos de  la concertación las cosas no se dan  así. Al parecer ninguno de los dos Políticos de la concertación  de que nos habla el Rector Peña  son iniciados en nada. Entonces son profanos.

Lo que describe acá el Profesor Carlos Peña  es lo que Rubiales  señala y corresponde  a "arrebatar a los políticos el prestigio, el reconocimiento y el protagonismo social que injustamente disfrutan es el primer deber de un demócrata auténtico y el primer paso para alcanzar la regeneración de la sociedad y del sistema político"  Desnudarlos ante el mundo para que sus vergüenzas y traiciones sean visibles es un deber democrático ineludible. En democracias tan degradadas como la del Chile de la Concertación , la degeneración de la democracia y el mal gobierno del periodo de concertación en Chile  han convertido la crítica al poder y la tarea de desacreditar a los malos políticos y gobernantes en actos profundamente democráticos y revolucionarios, cargados de dignidad y honradez ciudadana.

Parte de la fuerza de los actuales malos gobernantes reside en que los medios de comunicación, especialmente la televisión, las y  las  encuestas   los convierten, sin merecerlo, en estrellas rutilantes, en modelos y protagonistas del acontecer y de la vida.

Los Gobernantes de la Concertación y sus altos funcionarios ,  han ocupado  más de la mitad de las noticias y aparecen deslumbrantes, como si gobernaran correctamente y representaran dignamente a los ciudadanos, cuando la verdad es que, por su mal gobierno, corrupción y torpeza, son los culpables de la mayoría de los dramas y desgracias que padece la sociedad. Ya lo veremos en el fallo de la Ministra Chevecich en que una cantidad no menor de funcionarios defraudan al fisco y no pasa nada.

Los demócratas Chilenos  no podemos derrotar a los políticos que han traicionado la democracia, convirtiéndola  en una vulgar dictadura de partidos de la concertación , pero sí podemos desacreditarlos y hacerles perder el reconocimiento y el prestigio social. Tampoco podemos librarnos de los partidos políticos de la concertación , organizaciones que han dejado de ser democráticas y que son hoy las mayores culpables del drama chileno , pero sí podemos desacreditarlos y arrebatarles el prestigio y el reconocimiento social.

LA COLUMNA DE CARLOS PEÑA PUEDEN LEERLA EN

http://blogs.elmercurio.com/reportajes/2010/06/20/los-profanos-y-los-expertos-se.asp#comments

FUENTE:
Saludos,
 
RODRIGO  GONZALEZ  FERNANDEZ
DIPLOMADO EN RSE DE LA ONU
DIPLOMADO EN GESTION DEL CONOCIMIENTO DE ONU
Celular: 93934521
WWW.CONSULTAJURIDICA.BLOGSPOT.COM
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viernes, junio 18, 2010

librocomentarios In Memoriam: José Saramago - Discurso de Aceptación del Premio Nobel (1998)

JOSE SARAMAGO

In Memoriam: José Saramago - Discurso de Aceptación del Premio Nobel (1998)

El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer.
Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del desmame eran vendidos a los vecinos de la aldea. Azinhaga era su nombre, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama.
Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo que es indispensable.
Ayudé muchas veces a éste mi abuelo Jerónimo en sus andanzas de pastor, cavé muchas veces la tierra del huerto anejo a la casa y corté leña para la lumbre, muchas veces, dando vueltas y vueltas a la gran rueda de hierro que accionaba la bomba, hice subir agua del pozo comunitario y la transporté al hombro, muchas veces, a escondidas de los guardas de las cosechas, fui con mi abuela, también de madrugada, pertrechados de rastrillo, paño y cuerda, a recoger en los rastrojos la paja suelta que después habría de servir para lecho del ganado.
Y algunas veces, en noches calientes de verano, después de la cena, mi abuelo me decía: "José, hoy vamos a dormir los dos debajo de la higuera". Había otras dos higueras, pero aquélla, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la higuera.
Más o menos por antonomasia, palabra erudita que sólo muchos años después acabaría conociendo y sabiendo lo que significaba. En medio de la paz nocturna, entre las ramas altas del árbol, una estrella se me aparecía, y después, lentamente, se escondía detrás de una hoja, y, mirando en otra dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo cóncavo, surgía la claridad traslúcida de la Vía Láctea, el camino de Santiago, como todavía le llamábamos en la aldea.
Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo que suavemente me acunaba.
Nunca supe si él se callaba cuando descubría que me había dormido, o si seguía hablando para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él, calculadamente, le introducía en el relato: "¿Y después?".
Tal vez repitiese las historias para sí mismo, quizá para no olvidarlas, quizá para enriquecerlas con peripecias nuevas. En aquella edad mía y en aquel tiempo de todos nosotros, no será necesario decir que yo imaginaba que mi abuelo Jerónimo era señor de toda la ciencia del mundo.
Cuando, con la primera luz de la mañana, el canto de los pájaros me despertaba, él ya no estaba allí, se había ido al campo con sus animales, dejándome dormir. Entonces me levantaba, doblaba la manta, y, descalzo (en la aldea anduve siempre descalzo hasta los catorce años), todavía con pajas enredadas en el pelo, pasaba de la parte cultivada del huerto a la otra, donde se encontraban las pocilgas, al lado de la casa.
Mi abuela, ya en pie desde antes que mi abuelo, me ponía delante un tazón de café con trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien. Si le contaba algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me tranquilizaba: "No hagas caso, en sueños no hay firmeza".
Pensaba entonces que mi abuela, aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas de mi abuelo, ése que, tumbado debajo de la higuera, con el nieto José al lado, era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras. Muchos años después, cuando mi abuelo ya se había ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que la abuela, también ella, creía en los sueños.
Otra cosa no podría significar que, estando sentada una noche, ante la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho estas palabras: "El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir". No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como si la vida de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya, en aquel momento casi final, estuviese recibiendo la gracia de una suprema y última despedida, el consuelo de la belleza revelada.
Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver.
Muchos años después, escribiendo por primera vez sobre éste mi abuelo Jerónimo y ésta mi abuela Josefa (me ha faltado decir que ella había sido, según cuantos la conocieron de joven, de una belleza inusual), tuve conciencia de que estaba transformando las personas comunes que habían sido en personajes literarios y que ésa era, probablemente, la manera de no olvidarlos, dibujando y volviendo a dibujar sus rostros con el lápiz siempre cambiante del recuerdo, coloreando e iluminando la monotonía de un cotidiano opaco y sin horizontes, como quien va recreando sobre el inestable mapa de la memoria, la irrealidad sobrenatural del país en que decidió pasar a vivir.
La misma actitud de espíritu que, después de haber evocado la fascinante y enigmática figura de un cierto bisabuelo berebere, me llevaría a describir más o menos en estos términos un viejo retrato (hoy ya con casi ochenta años) donde mis padres aparecen. "Están los dos de pie, bellos y jóvenes, de frente ante el fotógrafo, mostrando en el rostro una expresión de solemne gravedad que es tal vez temor delante de la cámara, en el instante en que el objetivo va a fijar de uno y del otro la imagen que nunca más volverán a tener, porque el día siguiente será implacablemente otro día.
Mi madre apoya el codo derecho en una alta columna y sostiene en la mano izquierda, caída a lo largo del cuerpo, una flor. Mi padre pasa el brazo por la espalda de mi madre y su mano callosa aparece sobre el hombro de ella como un ala. Ambos pisan tímidos una alfombra floreada. La tela que sirve de fondo postizo al retrato muestra unas difusas e incongruentes arquitecturas neoclásicas". Y terminaba: "Tendría que llegar el día en que contaría estas cosas. Nada de esto tiene importancia a no ser para mí. Un abuelo berebere, llegando del norte de Africa, otro abuelo pastor de cerdos, una abuela maravillosamente bella, unos padres graves y hermosos, una flor en un retrato ¿qué otra genealogía puede importarme? ¿en qué mejor árbol me apoyaría?".
Escribí estas palabras hace casi treinta años sin otra intención que no fuese reconstituir y registrar instantes de la vida de las personas que me engendraron y que estuvieron más cerca de mí, pensando que no necesitaría explicar nada más para que se supiese de dónde vengo y de qué materiales se hizo la persona que comencé siendo y ésta en que poco a poco me he convertido.
Ahora descubro que estaba equivocado, la biología no determina todo y en cuanto a la genética, muy misteriosos habrán sido sus caminos para haber dado una vuelta tan larga. A mi árbol genealógico (perdóneseme la presunción de designarlo así, siendo tan menguada la sustancia de su savia) no le faltaban sólo algunas de aquellas ramas que el tiempo y los sucesivos encuentros de la vida van desgajando del tronco central.
También le faltaba quien ayudase a sus raíces a penetrar hasta las capas subterráneas más profundas, quien apurase la consistencia y el sabor de sus frutos, quien ampliase y robusteciese su copa para hacer de ella abrigo de aves migratorias y amparo de nidos. Al pintar a mis padres y a mis abuelos con tintas de literatura, transformándolos de las simples personas de carne y hueso que habían sido, en personajes nuevamente y de otro modo constructores de mi vida, estaba, sin darme cuenta, trazando el camino por donde los personajes que habría de inventar, los otros, los efectivamente literarios, fabricarían y traerían los materiales y las herramientas que, finalmente, en lo bueno y en lo menos bueno, en lo bastante y en lo insuficiente, en lo ganado y en lo perdido, en aquello que es defecto pero también en aquello que es exceso, acabarían haciendo de mí la persona en que hoy me reconozco: creador de esos personajes y al mismo tiempo criatura de ellos.
En cierto sentido se podría decir que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a libro, he venido, sucesivamente, implantando en el hombre que fui los personajes que creé. Considero que sin ellos no sería la persona que hoy soy, sin ellos tal vez mi vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar, la existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a ser.
Ahora soy capaz de ver con claridad quiénes fueron mis maestros de vida, los que más intensamente me enseñaron el duro oficio de vivir, esas decenas de personajes de novela y de teatro que en este momento veo desfilar ante mis ojos, esos hombres y esas mujeres, hechos de papel y de tinta, esa gente que yo creía que iba guiando de acuerdo con mis conveniencias de narrador y obedeciendo a mi voluntad de autor, como títeres articulados cuyas acciones no pudiesen tener más efecto en mí que el peso soportado y la tensión de los hilos con que los movía.
De esos maestros el primero fue, sin duda, un mediocre pintor de retratos que designé simplemente por la letra H., protagonista de una historia a la que creo razonable llamar de doble iniciación (la de él, pero también, de algún modo, la del autor del libro, protagonista de una historia titulada "Manual de pintura y caligrafía", que me enseñó la honradez elemental de reconocer y acatar, sin resentimientos ni frustraciones, sus propios límites: sin poder ni ambicionar aventurarme más allá de mi pequeño terreno de cultivo, me quedaba la posibilidad de cavar hacia el fondo, hacia abajo, hacia las raíces.
Las mías, pero también las del mundo, si podía permitirme una ambición tan desmedida. No me compete a mí, claro está, evaluar el mérito del resultado de los esfuerzos realizados, pero creo que es hoy patente que todo mi trabajo, de ahí para adelante, obedeció a ese propósito y a ese principio.
Vinieron después los hombres y las mujeres del Alentejo, aquella misma hermandad de condenados de la tierra a que pertenecieron mi abuelo Jerónimo y mi abuela Josefa, campesinos rudos obligados a alquilar la fuerza de los brazos a cambio de un salario y de condiciones de trabajo que sólo merecerían el nombre de infames. Cobrando por menos que nada una vida a la que los seres cultos y civilizados que nos preciamos de ser llamamos, según las ocasiones, preciosa, sagrada y sublime.
Gente popular que conocí, engañada por una Iglesia tan cómplice como beneficiaria del poder del Estado y de los terratenientes latifundistas, gente permanentemente vigilada por la policía, gente, cuántas y cuántas veces, víctima inocente de las arbitrariedades de una justicia falsa. Tres generaciones de una familia de campesinos, los Mau-Tempo, desde el comienzo del siglo hasta la Revolución de Abril de 1974 que derrumbó la dictadura, pasan por esa novela a la que di el título de "Alzado del suelo" y fue con tales hombres y mujeres del suelo levantados, personas reales primero, figuras de ficción después, con las que aprendí a ser paciente, a confiar y a entregarme al tiempo, a ese tiempo que simultáneamente nos va construyendo y destruyendo para de nuevo construirnos y otra vez destruirnos.
No tengo la seguridad de haber asimilado de manera satisfactoria aquello que la dureza de las experiencias tornó virtud en esas mujeres y en esos hombres: una actitud naturalmente estoica ante la vida. Teniendo en cuenta, sin embargo, que la lección recibida, pasados más de veinte años, permanece intacta en mi memoria, que todos los días la siento presente en mi espíritu como una insistente convocatoria, no he perdido, hasta ahora, la esperanza de llegar a ser un poco más merecedor de la grandeza de los ejemplos de dignidad que me fueron propuestos en la inmensidad de las planicies del Alentejo. El tiempo lo dirá.
¿Qué otras lecciones podría yo recibir de un portugués que vivió en el siglo XVI, que compuso las "Rimas" y las glorias, los naufragios y los desencantos patrios de "Os Lusíadas", que fue un genio poético absoluto, el mayor de nuestra literatura, por mucho que eso pese a Fernando Pessoa, que a sí mismo se proclamó como el Super-Camoens de ella? Ninguna lección a mi alcance, ninguna lección que yo fuese capaz de aprender salvo la más simple que me podría ser ofrecida por el hombre Luis Vaz de Camoens en su más profunda humanidad, por ejemplo, la humildad orgullosa de un autor que va llamando a todas las puertas en busca de quien esté dispuesto a publicar el libro que escribió, sufriendo por eso el desprecio de los ignorantes de sangre y de casta, la indiferencia desdeñosa de un rey y de su compañía de poderosos, el escarnio con que desde siempre el mundo ha recibido la visita de los poetas, de los visionarios y de los locos.
Al menos una vez en la vida, todos los autores tuvieron o tendrán que ser Luis de Camoens, aunque no escriban las redondillas de "Sobolos rios". Entre hidalgos de la corte y censores del Santo Oficio, entre los amores de antaño y las desilusiones de la vejez prematura, entre el dolor de escribir y la alegría de haber escrito, fue a este hombre enfermo que regresa pobre de la India, adonde muchos sólo iban para enriquecerse, fue a este soldado ciego de un ojo y golpeado en el alma, fue a este seductor sin fortuna que no volverá nunca más a perturbar los sentidos de las damas de palacio, a quien yo puse a vivir en el teatro en el escenario de la pieza de teatro llamada "Que farei con este livro?" ("¿Qué haré con este libro?"), en cuyo final resuena otra pregunta, aquélla que importa verdaderamente, aquélla que nunca sabremos si alguna vez llegará a tener respuesta suficiente: "¿Qué haréis con este libro?".
Humildad orgullosa fue ésa de llevar debajo del brazo una obra maestra y verse injustamente rechazado por el mundo. Humildad orgullosa también, y obstinada, esta de querer saber para qué servirán mañana los libros que vamos escribiendo hoy, y luego dudar que consigan perdurar largamente (¿hasta cuándo?) las razones tranquilizadoras que quizá nos estén siendo dadas o que estamos dándonos a nosotros mismos. Nadie se engaña mejor que cuando consiente que lo engañen otros.
Se aproxima ahora un hombre que dejó la mano izquierda en la guerra y una mujer que vino al mundo con el misterioso poder de ver lo que hay detrás de la piel de las personas. El se llama Baltasar Mateus y tiene el apodo de Siete-Soles, a ella la conocen por Bilmunda, y también por el apodo de Siete-Lunas que le fue añadido después porque está escrito que donde haya un sol habrá una luna y que sólo la presencia conjunta de uno y otro tornará habitable, por el amor, la tierra.
Se aproxima también un padre jesuita llamado Bartolmeu que inventó una máquina capaz de subir al cielo y volar sin otro combustible que no sea la voluntad humana, ésa que según se viene diciendo, todo lo puede, aunque no pudo, o no supo, o no quiso, hasta hoy, ser el sol y la luna de la simple bondad o del todavía más simple respeto. Sontres locos portugueses del siglo XVIII en un tiempo y en un país donde florecieron las supersticiones y las hogueras de la Inquisición, donde la vanidad y la megalomanía de un rey hicieron levantar un convento, un palacio y una basílica que asombrarían al mundo exterior, en el caso poco probable de que ese mundo tuviera ojos bastantes para ver a Portugal, tal como sabemos que los tenía Bilmunda para ver lo que escondido estaba. Y también se aproxima una multitud de millares y millares de hombres con las manos sucias y callosas, con el cuerpo exhausto de haber levantado, durante años sin fin, piedra a piedra, los muros implacables del convento, las alas enormes del palacio, las columnas y las pilastras, los aéreos campanarios, la cúpula de la basílica suspendida sobre el vacío.
Los sonidos que estamos oyendo son del clavicornio del Doménico Scarlatti, que no sabe si debe reír o llorar. Esta es la historia del "Memorial del convento", un libro en que el aprendiz de autor, gracias a lo que le venía siendo enseñado desde el antiguo tiempo de sus abuelos Jerónimo y Josefa, consiguió escribir palabras como éstas, donde no está ausente alguna poesía: "Además de la conversación de las mujeres son los sueños los que sostienen al mundo en su órbita. Pero son también los sueños los que le hacen una corona de lunas, por eso el cielo es el resplandor que hay dentro de la cabeza de los hombres si no es la cabeza de los hombres el propio y único cielo". Que así sea. 
De las lecciones de poesía, sabía ya alguna cosa el adolescente, aprendidas en sus libros de texto cuando, en una escuela de enseñanza profesional de Lisboa, andaba preparándose para el oficio que ejerció en el comienzo de su vida de trabajo: el de mecánico cerrajero. Tuvo también buenos maestros del arte poético en las largas horas nocturnas que pasó en bibliotecas públicas, leyendo al azar de encuentros y de catálogos, sin orientación, sin alguien que le aconsejase, con el mismo asombro creador del navegante que va inventando cada lugar que descubre.
Pero fue en la biblioteca de la escuela industrial donde "El año de la muerte de Ricardo Reis" comenzó a ser escrito. Allí encontró un día el joven aprendiz de cerrajero (tendría entonces 17 años) una revista - "Atena" era el título - en que había poemas firmados con aquel nombre y, naturalmente, siendo tan mal conocedor de la cartografía literaria de su país, pensó que existía en Portugal un poeta que se llamaba así: Ricardo Reis.
No tardó mucho tiempo en saber que el poeta propiamente dicho había sido un tal Fernando Nogueira Pessoa que firmaba poemas con nombres de poetas inexistentes nacidos en su cabeza y a quien llamaba heterónimos, palabra que no constaba en los diccionarios de la época, por eso costó tanto trabajo al aprendiz de las letras saber lo que ella significaba. Aprendió de memoria muchos poemas de Ricardo Reis ("Para ser grande sê inteiro/Põe quanto és no mínimo que fazes"), pero no podía resignarse, a pesar de tan joven e ignorante, a que un espíritu superior hubiese podido concebir, sin remordimiento, este verso cruel: "Sábio é o que se contenta com o espectáculo do mundo". Mucho, mucho tiempo después, el aprendiz de escritor ya con el pelo blanco y un poco más sabio de sus propias sabidurías se atrevió a escribir una novela para mostrar al poeta de las "Odas" algo de lo que era el espectáculo del mundo en ese año de 1936 en que lo puso a vivir sus últimos días: la ocupación de la Renania por el Ejército nazi, la guerra de Franco contra la República española, la creación por Salazar de las milicias fascistas portuguesas. Fue como si estuviese diciéndole: "He ahí el espectáculo del mundo, mi poeta de las amarguras serenas y del escepticismo elegante. Disfruta, goza, contempla, ya que estar sentado es tu sabiduría". 
"El año de la muerte de Ricardo Reis" terminaba con unas palabras elancólicas: "Aquí donde el mar acabó y la tierra espera". Por tanto no habría más descubrimientos para Portugal, sólo como destino una espera infinita de futuros ni siquiera imaginables: el fado de costumbre, la saudade de siempre y poco más. Entonces el aprendiz imaginó que tal vez hubiese una manera de volver a lanzar los barcos al agua, por ejemplo mover la propia tierra y ponerla a navegar mar adentro.
Fruto inmediato del resentimiento colectivo portugués por los desdenes históricos de Europa (sería más exacto decir fruto de mi resentimiento personal), la novela que entonces escribí - "La balsa de piedra" - separó del continente europeo a toda la Península Ibérica, transformándola en una gran isla fluctuante, moviéndose sin remos ni velas, ni hélices, en dirección al Sur del mundo, "masa de piedra y tierra cubierta de ciudades, aldeas, ríos, bosques, fábricas, bosques bravíos, campos cultivados, con su gente y sus animales", camino de una utopía nueva: el encuentro cultural de los pueblos peninsulares con los pueblos del otro lado del Atlántico, desafiando así, a tanto se atrevió mi estrategia, el dominio sofocante que los Estados Unidos de la América del Norte vienen ejerciendo en aquellos parajes.
Una visión dos veces utópica entendería esta ficción política como una metáfora mucho más generosa y humana: que Europa, toda ella, deberá trasladarse hacia el Sur a fin de, en descuento de sus abusos coloniales antiguos y modernos, ayudar a equilibrar el mundo. Es decir Europa finalmente como ética. Los personajes de "La balsa de piedra" - dos mujeres, tres hombres y un perro - viajan incansablemente a través de la Península mientras ella va surcando el océano. El mundo está cambiando y ellos saben que deben buscar en sí mismos las personas nuevas en que se convertirán (sin olvidar al perro que no es un perro como los otros). Eso les basta. Se acordó entonces el aprendiz que en tiempos de su vida había hecho algunas revisiones de pruebas de libros y que si en "La balsa de piedra" hizo, por decirlo así, revisión del futuro, no estaría mal que revisara ahora el pasado inventando una novela que se llamaría "História do Cerco de Lisboa", en la que un revisor trabajando un libro del mismo título, aunque de historia, y cansado de ver cómo la citada historia cada vez es menos capaz de sorprender, decidió poner en lugar de un "sí" un "no", subvirtiendo la autoridad de las "verdades históricas".
Raimundo Silva, así se llamaba el revisor, es un hombre simple, vulgar, que sólo se distingue de la mayoría por creer que todas las cosas tienen su lado visible y su lado invisible y que no sabremos nada de ellas, mientras no les hayamos dado la vuelta completa. De eso precisamente trata una conversación que tiene con el historiador. Así: "Le recuerdo que los revisores ya vieron mucho de literatura y vida, Mi libro, se lo recuerdo, es de historia. No es propósito mío apuntar otras contradicciones, profesor, en mi opinión todo cuanto no sea vida es literatura.
La historia también. La historia sobre todo, sin querer ofender. Y la pintura, y la música. La música va resistiéndose desde que nació, unas veces va y otras viene, quiere librarse de la palabra, supongo que por envidia, pero regresa siempre a la obediencia. Y la pintura, mire, la pintura no es más que literatura hecha con pinceles. Espero que no se haya olvidado de que la humanidad comenzó pintando mucho antes de saber escribir. Conoce el refrán, si no tienes perro caza con el gato, o dicho de otramanera, quien no puede escribir, pinta, o dibuja, es lo que hacen los niños. Lo que usted quiere decir, con otras palabras, es que la literatura ya existía antes de haber nacido, sí señor, como el hombre, con otras palabras, antes de serlo ya lo era.
Me parece que usted equivocó la vocación, debería ser historiador. Me falta preparación profesor, qué puede un simple hombre hacer sin preparación, mucha suerte he tenido viniendo al mundo con la genética organizada, pero, por decirlo así, en estado bruto, y después sin más pulimento que las primeras letras que se quedaron como únicas. Podía presentarse como autodidacta producto de su digno esfuerzo, no es ninguna vergüenza, antiguamente la sociedad estaba orgullosa de sus autodidactas.
Eso se acabó, vino el desarrollo y se acabó, los autodidactas son vistos con malos ojos, sólo los que escriben versos o historias para distraer están autorizados a ser autodidactas, pero yo para la creación literaria no tengo habilidad. Entonces métase a filósofo. Usted es un humorista, cultiva la ironía, me pregunto cómo se dedicó a la historia, siendo ella tan grave y profunda ciencia. Soy irónico sólo en la vida real. Ya me parecía a mí que la historia no es la vida real, literatura sí, y nada más. Pero la historia fue vida real en el tiempo en que todavía no se le podía llamar historia. Entonces usted cree, profesor, que la historia es la vida real. Lo creo, sí.
Que la historia fue vida real, quiero decir. No tengo la menor duda. Qué sería de nosotros si el deleatur que todo lo borra no existiese, suspiró el revisor". Escusado será añadir que el aprendiz aprendió con Raimundo Silva la lección de la duda. Ya era hora.
Fue probablemente este aprendizaje de la duda el que le llevó, dos años más tarde, a escribir "El Evangelio según Jesucristo". Es cierto, y él lo ha dicho, que las palabras del título le surgieron por efecto de una ilusión óptica, pero es legítimo que nos interroguemos si no habría sido el sereno ejemplo del revisor el que, en ese tiempo, le anduvo preparando el terreno de donde habría de brotar la nueva novela. Esta vez no se trataba de mirar por detrás de las páginas del "Nuevo Testamento" a la búsqueda de contradicciones, sino de iluminar con una luz rasante la superficie de esas páginas, como se hace con una pintura para resaltarle los relieves, las señales de paso, la oscuridad de las depresiones.
Fue así como el aprendiz, ahora rodeado de personajes evangélicos, leyó, como si fuese la primera vez, la descripción de la matanza de los Inocentes y, habiendo leído, no comprendió. No comprendió que pudiese haber mártires de una religión que aún tendría que esperar treinta años para que su fundador pronunciase la primera palabra de ella, no comprendió que no hubiese salvado la vida de los niños de Belén precisamente la única persona que lo podría haber hecho, no comprendió la ausencia, en José, de un sentimiento mínimo de responsabilidad, de remordimiento, de culpa o siquiera de curiosidad, después de volver de Egipto con su familia.
Ni se podrá argumentar en defensa de la causa que fue necesario que los niños de Belén murieran para que pudiese salvarse la vida de Jesús: El simple sentido común, que a todas las cosas, tanto a las humanas como a las divinas, debería presidir, está ahí para recordarnos que Dios no enviaría a su hijo a la Tierra con el encargo de redimir los pecados de la humanidad, para que muriera a los dos años de edad degollado por un soldado de Herodes. En ese Evangelio escrito por el aprendiz con el respeto que merecen los grandes dramas, José será consciente de su culpa, aceptará el remordimiento en castigo de la falta que cometió y se dejará conducir a la muerte casi sin resistencia, como si eso le faltase todavía para liquidar sus cuenta con el mundo.
"El Evangelio" del aprendiz no es, por tanto, una leyenda edificante más de bienaventurados y de dioses, sino la historia de unos cuantos seres humanos sujetos a un poder contra el cual luchan, pero al que no pueden vencer. Jesús, que heredará las sandalias con las que su padre había pisado el polvo de los caminos de la tierra, también heredará de él el sentimiento trágico de la responsabilidad y de ella la culpa que nunca lo abandonará, incluso cuando levante la voz desde lo alto de la cruz: "Hombres, perdonadle, porque él no sabe lo que hizo", refiriéndose al Dios que lo llevó hasta allí, aunque quien sabe si recordando todavía, en es última agonía, a su padre auténtico, aquel que en la carne y en la sangre, humanamente, lo engendró.
Como se ve, el aprendiz ya había hecho un largo viaje cuando en el herético evangelio escribió las últimas palabras del diálogo en el templo entre Jesús y el escriba: "La culpa es un lobo que se come al hijo después de haber devorado al padre, dijo el escriba, Ese lobo de que hablas ya se ha comido a mi padre, dijo Jesús, Entonces sólo falta que devore a ti, Y tú, en tu vida, fuiste comido, o devorado, No sólo comido y devorado, también vomitado, respondió el escriba".
Si el emperador Carlomagno no hubiese establecido en el norte de Alemania un monasterio, si ese monasterio no hubiese dado origen a la ciudad de Münster, si Münster no hubiese querido celebrar los 1.200 años de su fundación con una ópera sobre la pavorosa guerra que enfrentó en el siglo XVI a protestantes anabaptistas y católicos, el aprendiz no habría escrito la pieza de teatro que tituló "In Nomine Dei". Una vez más, sin otro auxilio que la pequeña luz de su razón, el aprendiz tuvo que penetrar en el oscuro laberinto de las creencias religiosas, ésas que con tanta facilidad llevan a los seres humanos a matar y a dejarse matar.
Y lo que vio fue nuevamente la máscara horrenda de la intolerancia, una intolerancia que en Münster alcanzó el paroxismo demencial, una intolerancia que insultaba la propia causa que ambas partes proclamaban defender. Porque no se trataba de una guerra en nombre de dos dioses enemigos sino de una guerra en nombre de un mismo dios. Ciegos por sus propias creencias, los anabaptistas y los católicos de Münster no fueron capaces de comprender la más clara de todas las evidencias: en el día del Juicio Final, cuando unos y otros se presenten a recibir el premio o el castigo que merecieron sus acciones en la tierra, Dios, si en sus decisiones se rige por algo parecido a la lógica humana, tendrá que recibir en el paraíso tanto a unos como a otros, por la simple razón de que unos y otros en El creían.
La terrible carnicería de Münster enseñó al aprendiz que al contrario de lo que prometieron las religiones nunca sirvieron para aproximar a los hombres y que la más absurda de todas las guerras es una guerra religiosa, teniendo en consideración que Dios no puede, aunque lo quisiese, declararse la guerra a sí mismo. Ciegos.El aprendiz pensó "Estamos ciegos", y se sentó a escribir el "Ensayo sobre la ceguera" para recordar a quien lo leyera que usamos perversamente la razón cuando humillamos la vida, que la dignidad del ser humano es insultada todos los días por los poderosos de nuestro mundo, que la mentira universal ocupó el lugar de las verdades plurales, que el hombre dejó de respetarse a sí mismo cuando perdió el respeto que debía a su semejante.
Después el aprendiz, como si intentara exorcizar a los monstruos engendrados por la ceguera de la razón, se puso a escribir la más simple de todas las historias: Una persona que busca a otra persona sólo porque ha comprendido que la vida no tiene nada más importante que pedir a un ser humano. El libro se llama "Todos los nombres". No escritos, todos nuestros nombres están allí. Los nombres de los vivos y los nombres de los muertos.
Termino. La voz que leyó estas páginas quiso ser el eco de las voces conjuntas de mis personajes. No tengo, pensándolo bien, más voz que la voz que ellos tuvieron. Perdonadme si os pareció poco esto que para mí es todo.

 
RODRIGO  GONZALEZ  FERNANDEZ
DIPLOMADO EN RSE DE LA ONU
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Mapuches celebran Oficina de Asuntos Indígenas impulsada por en Futrono

Mapuches celebran Oficina de Asuntos Indígenas impulsada por en Futrono

"Los hermanos mapuche están más confiados en su municipalidad", dice el facilitador cultural Rosendo Manqui.

por 3CIUDADANO - 14/06/2010 - 17:16

La unidad de asistencia y orientación dirigida a personas naturales o representantes comunitarios mapuche, fue desplegada en la municipalidad hace casi un año bajo la gestión del facilitador cultural Rosendo Manqui, quien está a cargo de la oficina y que a la postre ha recaudado la atención y asesoría para más de 400 usuarios con diversas inquietudes asociadas a adquisición de tierras, deberes y derechos de la Ley Indígena, agilización de trámites ante Conadi y otras reparticiones públicas y postulación a proyectos que favorezcan a los mapuche de la zona.

Rosendo Manqui cuenta que desde que se abrió la oficina "los hermanos mapuche están más confiados en su municipalidad ya que pueden realizar sus trámites y conseguir asesoría legal y administrativa, sin tener que desplazarse hasta Valdivia, además de concertar reuniones en las mismas comunidades a fin de recibir asistencia en su ámbito y de manera más personalizada", destacó Manqui.

Becas para estudiantes y programa para predios

El encargado de la Oficina Municipal de Asuntos Indígenas, agregó que "gracias a la confianza establecida por el alcalde Jorge Tatter y su visión de apoyar a las familias mapuche, hemos podido ayudar a medio centenar de estudiantes de la étnia para que accedan con más facilidad a la Beca Indígena". En tal sentido, Manqui puntualiza que la oficina ha agilizado la obtención de los certificados de calidad indígena, requisitos clave para postular al beneficio.

Asimismo, la oficina se encuentra asesorando a postulantes para el concurso de equipamiento predial en la Región de Los Ríos impulsado por Conadi y cuyo objetivo es "mejorar la productividad de la tierra apoyando el emprendimiento de las comunidades mediante el equipamiento de los predios adquiridos a través del Fondo de Tierras de Conadi".

Las postulaciones a esta iniciativa vencen el 21 de este mes y es por eso que la oficina municipal de asuntos indígenas realizó charlas explicativas para que los usuarios mapuche puedan formular sus proyectos. Para tal caso, se llevó a un profesional de apoyo de Conadi a fin se asesorar a los usuarios y dirigentes mapuche.


Alejandro Delgado

FUENTE: LATERCERA
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¿CHILE VS SUIZA ?

Esta seria el partido entre Chile y Suiza

 

 

 

 


FUENTE:
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jueves, junio 17, 2010

Reclamos: ¿cómo hacerte escuchar?

Reclamos: ¿cómo hacerte escuchar?

¿Qué es la Comisión Defensora Ciudadana?

Esta comisión, también conocida como CDC, vela por los derechos de las personas ante los 181 organismos públicos que dependen de la administración central del Estado –como ministerios y servicios–.

¿Cuál es el objetivo de la Defensoría Ciudadana?

La Comisión tiene como principal labor difundir los derechos ciudadanos y empoderar a la ciudadanía en el momento en que sea atendida por todos los servicios públicos.

Entre los derechos definidos en la Ley de Procedimiento Administrativo destaca aquel que fija un plazo máximo general de 10 días hábiles para que los servicios públicos respondan reclamos o solicitudes ciudadanas.

¿Qué pasa si no recibo respuesta?

Si este plazo no se cumple, el ciudadano o ciudadana debe ingresar su reclamo a la Oficina de Informaciones, Reclamos y Sugerencias (OIRS) que existe en cada organismo del Estado, como la del Mop o Minsal.

Si esta instancia falla, la persona puede acudir a la Comisión Defensora Ciudadana .

El compromiso

La Comisión Defensora Ciudadana es responsable de dar un tratamiento único a cada reclamo ciudadano. En máximo 24 horas después de presentado el reclamo, un profesional de la CDC tomará contacto con la persona afectada para solicitarle detalles del caso para luego tomar contacto con la autoridad responsable del servicio público contra el cual se dirige el reclamo.

¿Cómo me contacto con la CDC?

Se puede acceder desde cualquier parte, a través de:

-
FUENTE:www.gobiernodechile.cl
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domingo, junio 06, 2010

EL ESTADO Y LA CREACION Y DISTRIBUCION DE LA RIQUEZA

EL ROL DEL ESTADO EN LA CREACIÓN Y LA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

 

 

COMPARTO CON USTEDES  UNAS IDEAS QUE ANALIZAMOS EN UN DIPLOMADO  INTERNACIONAL EN AVANCES DE GERENCIA EN ADMINISTRACIÓN PUBLICA QUE SIGO EN ESTOS DÍAS

 

A lo largo del presente módulo, trataremos el tema del rol del Estado en la creación y distribución de la riqueza. Para ello, expondremos las visiones de Locke, Friedman y Musgrave. En sí, intentaremos descifrar como se resuelven los conflictos de posturas en una democracia. Las opiniones propias respecto el tópico en cuestión también serán reveladas.

 

No hay duda que es más energizante desde un punto de vista intelectual, enfocarse en como crear riqueza que en como distribuirla. Una de las razones por las cuales el mercado de Estados Unidos es tan vibrante es porque hay un gran enfoque en el desarrollo personal y en la creación de la riqueza. Esto estimula la innovación con el fin de encontrar ineficiencias en los mercados y hacer productos o servicios más adaptados, eficientes, rápidos, baratos, cómodos o inusuales para solucionar los mismos problemas. A continuación, veremos   cuales son los elementos a nuestro entender esenciales para lograr lo mencionado.

 

I LA CREACIÓN DE LA RIQUEZA

 

Conceptualmente ¿qué es la creación de riqueza? Para poder responder a esta pregunta citaremos a John Locke en "Dos Ensayos sobre el Gobierno Civil" donde desde esa época, año 1667,está ya claro para éste intelectual que "lo más importante en la política no es el orden y la seguridad del Estado, sino la protección de los derechos del individuo", quienes, a través de su trabajo transforman lo que nos ha dado la naturaleza añadiendo algo que le pertenece, con lo cual lo hace propiedad suya. Citando a Locke, "Al sacarlo del Estado en que lo dejó la naturaleza, puso en ello algo que lo excluye del derecho común de los demás hombres. Pues, por ser este trabajo propiedad incuestionable del trabajador, nadie, salvo el mismo, puede tener ningún derecho sobre aquello a lo que se encuentra unido, siempre que de esa cosa quede una cantidad suficiente y de la misma calidad para que la compartan los demás". Lo anterior lo podemos ejemplificar en el momento en que el hombre por medio de su trabajo obtiene "riqueza" a través de la explotación de la tierra que le ha sido dada por la naturaleza. En la vida moderna, recordemos que pasaba cuando no existía Internet y los celulares. Contra qué compiten estos servicios o productos? Internet sustituyó  en parte el correo, pero ha hecho más eficiente el sistema de comunicaciones y ha traído como consecuencia una  distribución de riqueza hacia muchos otros: programadores, diseñadores gráficos, escuelas de paginas web, servicios de hosting,  etc..  No estaba… esa riqueza fue creada a través del trabajo. Debido entonces al acelerado desarrollo de las tecnologías de la información, de las telecomunicaciones y del proceso de globalización, el conocimiento y el saber se han consolidado como las fuentes principales de creación de riqueza en la sociedad de nuestro tiempo.

 

Una economía basada en el conocimiento hace referencia a un modelo de desarrollo, en el cual (desarrollo científico y tecnológico, habilidades, entrenamiento profesional) es un factor primordial de producción de bienes y servicios de alto valor agregado, competitivos a nivel internacional. El conocimiento y la innovación se convierten en elementos fundamentales para la creación de riqueza.

Ahora bien, ¿debería el Estado tener algún tipo de rol en la creación de la riqueza? Al efecto podemos citar a Milton Friedman, quien también recoge a Smith al decir que excepto en mantener la ley y el orden, supervisar la moneda y manejar la defensa nacional, todas las otras funciones pueden hacerlas mejor el capitalismo competitivo. Las tasas impositivas deben reducirse sostenidamente en una época de expansión con el fin de detener el crecimiento del gobierno. En esencia, para Milton Friedman la libertad económica es un requisito para la libertad política, ya que la combinación del poder político y económico en las mismas manos es una disposición segura para llegar a la tiranía. Friedman opina que se debe dar plena libertad a la gente de elegir lo que desee. Cree que en conjunto la competencia del mercado protegerá mejor al consumidor que las regulaciones. Considera que los mecanismos de control terminan por perjudicar al consumidor en vez de ayudarlos. Por esto propone que el Estado se encargue de facilitar la información sobre las ventajas y desventajas de los bienes y servicios que se consume, y que sea el público quien decida que es lo que mas le conviene. De esta manera, solo aquellos que ofrezcan productos de calidad seguirán en el mercado y el resto quebrará, siendo el consumidor el mayor beneficiado.

 

DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

A efectos de que una economía funcione, debe prestarse atención también a la distribución de esa riqueza. Dada una distribución de la riqueza, los ingresos o renta de cada una de las economías domésticas dependerán de las cantidades de

recursos que posean, de la fracción de éstos que se venda en el mercado y de los precios que alcancen.

 

Es necesario distinguir en el análisis la diferencia entre distribución de la riqueza y distribución del ingreso. La riqueza de un país es el conjunto de activos, propiedad de las economías domésticas. El ingreso de un país en un período determinado es el producto de la utilización de recursos productivos durante ese período. Debido a que es más simple encontrar trabajos e informes relacionados con la distribución del ingreso, y al ser ésta proporcional a la distribución de la

riqueza, la analizamos ya que a los fines del trabajo no representa un obstáculo. La distribución del ingreso de un país entre los distintos agentes económicos será el resultado no sólo de los ingresos libremente obtenidos por los distintos factores productivos, sino que también se verá fuertemente condicionada por la acción del sector público mediante el establecimiento de impuestos y subvenciones. En este punto podemos observar que ya el Estado tiene una participación más activa que en el punto anterior que trataba sobre la creación de la riqueza. Un autor que tiene una visión un tanto más opuesta a Locke y Friedman en la relevancia que le da el Estado es Musgrave quien dice que "el crecimiento de infraestructura nacional como autopistas, educación pública y el incremento de todos aquellos servicios sociales son factores esenciales en la contribución del crecimiento económico y el bienestar social.

Datos empíricos muestran que una gran expansión del sector público es necesaria y constructiva para el desarrollo de un mercado saludable porque éste no puede existir sin un sector público consolidado. Aunque no compartamos este punto de vista, es algo que sucede día a día y no se puede negar, sino que hay que analizarlo y tratar de mejorar el sistema". Una visión totalmente liberal, como la que podría dar Friedman, expondría que el ingreso nacional que se genera en un país se distribuye a través de los mercados de factores entre los individuos y familias que lo integran. La distribución

resultante será más o menos igualitaria, según cómo esté repartida la propiedad de los factores productivos y cuál sea el sistema de precios o retribuciones vigente en el país. La distribución funcional del ingreso se refiere al reparto del ingreso entre los factores de la producción, fundamentalmente el trabajo y el capital.. La parte del ingreso que corresponde al trabajo y la que se destina a retribuir el capital depende de la proporción de estos factores utilizada en la producción y de la relación entre los precios de dichos factores.

 

Sin embargo, es frecuente que el sector gobierno intervenga tratando de lograr que las diferencias de ingreso no sean muy pronunciadas y lo hace a través de lo que se denomina política distributiva. La política distributiva comprende un conjunto de

medidas cuyo objetivo principal es modificar la distribución del

ingreso entre los individuos o los grupos sociales

 

. Los instrumentos de que dispone la política de distribución son:

1. El sistema impositivo. Los impuestos son una imposición del Estado a los individuos, unidades familiares y empresas, para que paguen una cierta cantidad de dinero en relación con determinados actos económicos, como por ejemplo: realizar el consumo de un bien, obtener ingresos por el trabajo o generar beneficios por las empresas

2. Los gastos de transferencias (seguro de desempleo, jubilaciones y pensiones). Las transferencias son los pagos que se realizan sin la provisión correspondiente de bienes y servicios por parte del receptor.

3. Medidas de intervención directa en el mecanismo de mercado. Estas medidas actúan en el proceso de formación de los ingresos, esto es, sobre las fuerzas de la demanda y la oferta de mano de obra y sobre otros factores de la producción, tales como el capital. Ejemplos conocidos de este tipo de políticas son la imposición de salarios mínimos, la limitación de los dividendos y los alquileres, y los controles

sobre los precios de determinados artículos generalmente de primera necesidad. Otro ejemplo es la congelación temporal de los salarios. Si estas políticas no se basan en un análisis minucioso del funcionamiento de los mercados, pueden romper

el equilibrio del mismo. Así, por ejemplo, el establecimiento de un salario mínimo disminuye la cantidad demandada de trabajo, de forma que del sector de los trabajadores salen ganando los que siguen empleados y pierden los que se ven

despedidos.

 

Para nuestro punto de vista resulta importante no olvidarseque la distribución de ingresos en el mercado debe distinguirse claramente de las rentas obtenidas fruto del privilegio y la dádiva. Los mercados cautivos, las exenciones fiscales, los proteccionismos aduaneros y los monopolios artificiales constituyen herramientas devastadoras que inciden negativamente en los más necesitados. En este contexto resulta propio aludir a la injusta distribución del ingreso. Esto no ocurre en el mercado donde la gente vota en el plebiscito diario con sus compras y abstenciones de comprar, al tiempo que la mayor productividad permite que más gente participe en el proceso vía aumentos en sus salarios provenientes de una mayor capitalización conjunta. Cuando se alude a los principios del mercado debe tenerse muy presente que se trata de millones de arreglos contractuales libres y voluntarios que asignan factores productivos allí donde la gente considera le prestan mejores servicios y se atienden más ajustadamente sus necesidades.

 

FUENTE:
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viernes, junio 04, 2010

Responsabilidad ciudadana por Pablo Rodríguez Grez

Responsabilidad ciudadana


Pablo Rodríguez Grez

Ningún gobierno en los últimos cincuenta años asumió el mando supremo de la nación luego de una catástrofe como la vivida el 27 de febrero del año en curso. Todos los planes y proyectos, trabajosamente elaborados durante muchos meses, quedaron obsoletos y debieron ser sustituidos, en pocos días, para encarar la emergencia. No puede juzgarse lo realizado por esta administración, en menos de 90 días, sin considerar estas circunstancias. Valerse de ellas para arremeter contra las autoridades y generar una sensación anticipada de fracaso constituye, a mi juicio, un abuso y una deslealtad contra quienes sufren los rigores de la tragedia.

Chile es un país curioso. Sólo pueden aplicarse políticas de derecha (como el plan de concesión de cárceles, carreteras o embalses) en los gobiernos de izquierda; y sólo implementarse políticas de izquierda (como el aumento tributario) en los gobiernos de derecha. Si las concesiones aludidas se hubieren asignado en este momento, se denunciaría la escandalosa "privatización" de las calles y los caminos; si se hubiera planteado un aumento de impuestos a las grandes empresas en los 20 años de gobiernos de la Concertación, se habría denunciado la "destrucción" del modelo económico. ¿A qué obedece este contrasentido? Simplemente, a una desconfianza visceral de los sectores políticos que dominan la escena nacional. Por otra parte, mientras la derecha sufre de una antropofagia incorregible, que la induce a devorarse entre sí, la izquierda endogámica defiende a ultranza a sus líderes, lo cual le impide analizar siquiera las causas de su fracaso.

Ante al verdadero cataclismo que afectó al centro sur de Chile, la reacción inmediata de las autoridades fue lamentable al quedar prácticamente paralogizadas, subordinando sus decisiones a conveniencias o imágenes de ínfima importancia frente a la gravedad de los hechos. A su vez, una parte de la ciudadanía reaccionó de la peor forma que es posible imaginar, desatándose una ola de saqueos y pillajes que aumentaron desmesuradamente el dolor de los damnificados. Quedó, así, de manifiesto, una vez más, un profundo debilitamiento moral de nuestros compatriotas que ante la adversidad buscan la manera de obtener provecho a costa del sufrimiento y el dolor de los demás. ¿Qué nos pasa? Es indudable que vivimos una crisis moral de dimensiones superiores a la denunciada a comienzos del siglo pasado por don Enrique Mac Iver, la cual envilece severamente nuestra convivencia. Los nobles gestos de solidaridad que siguieron a aquellos desmanes no borran, a mi juicio, lo ocurrido, pero, al menos, atenúan la imagen deplorable que perdura en la visión de muchos chilenos.

Como si lo anterior no fuere suficiente, ahora, las grandes coaliciones políticas (Alianza y Concertación) se enfrentan rudamente en el Congreso Nacional, amenazando hacer fracasar las medidas que con mayor urgencia demanda la reconstrucción. Los partidos que sirven de base al Gobierno acusan divisiones, tanto en lo ideológico como en lo pragmático, lo cual no avizora una relación fluida entre aliancistas y gobernantes.

Lo que hemos vivido debería ser una fuente de valiosas experiencias para todos nosotros y servirnos para corregir debilidades y vicios que frenan la ambiciosa tentativa de crecer y desarrollarnos. No pueden seguir existiendo gobiernos que se alimenten de encuestas, condicionando todas sus decisiones a ventajas electorales. No puede tolerarse la improvisación y la ineptitud ante descalabros de esta magnitud. No es posible que parte de nuestra población se ensañe con las víctimas de esta tragedia, arrebatándoles lo poco que lograron salvar.

Por último, no debe quedar sin sanción política la intransigencia de quienes buscan imponer sus ideas a costa de postergar la satisfacción de las necesidades de los damnificados. Nunca ha sido más urgente y necesaria la "unidad nacional", ni más condenable el empeño por inmovilizar a un gobierno que, bien o mal, está empeñado en superar una amarga realidad. Ojalá todo cuanto ocurre sea un llamado a nuestra conciencia para unirnos en pos de un propósito común, dejando atrás, definitivamente, diferencias y estilos incompatibles con el Chile que queremos.

FUENTE: emol
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viernes, mayo 28, 2010

Presidente visitó obras del nuevo Hospital San José de Osorno

Presidente visitó obras del nuevo Hospital San José de Osorno

El Presidente de la República, Sebastián Piñera, visitó esta tarde los avances en etapa de ejecución del nuevo Hospital San José de Osorno, cuyo estado de avance supera el 72%.

El proyecto implica más de 43 mil metros cuadrados de edificación nueva y remodelada, incluyendo una torre de 6 niveles para albergar la hospitalización, pabellones quirúrgicos, UCIs, partos y urgencia, que ya cuenta con 327 camas en funcionamiento. Su inversión supera los 30 mil millones de pesos.

Fotografías disponibles en www.fotopresidencia.cl

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domingo, mayo 23, 2010

Las 50 mentiras más repetidas (Reflexión para el fin de semana)

Las 50 mentiras más repetidas (Reflexión para el fin de semana)

Nota

Las decimos sin pensar y las repetimos constantemente. Están tan incorporadas a las costumbres y a la cultura que no nos damos cuenta que son mentiras. Son mentiras automáticas que segregamos a diario, como el sudor.
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Las 50 mentiras más repetidas (Reflexión para el fin de semana)
1.- Yo nunca miento.
2.- ¿Miedo a la muerte? ¿Porque yo voy a tenerle miedo a la muerte?
3.- Yo, en una mujer, valoro mucho más la inteligencia que la belleza.
4.- A mis hijos siempre les dije la verdad.
5.- No podría vivir sin trabajar.
6.- En cualquier momento dejo de fumar.
7.- El sexo no es lo más importante.
8.- Cuando a alguien le va bien, yo no lo envidio; le admiro.
9.- Jamás pensé en el suicidio.
10.- Yo acepto todas las criticas, siempre que sean bienintencionadas.
11.- ¿Cómo estás? - Bien
12.- Si volviera a nacer, haría exactamente lo mismo.
13.- Yo quiero por igual a papá y a mamá.
14.- ¿Me querés? - Si, mucho.
15.- No podría vivir sin ti.
16.- Si mi hijo fuera homosexual, no me molestaría. Por mí que haga lo que quiera.
17.- Yo a mis hijos les doy total libertad de elección.
18.- Yo no soy celoso.
19.- Lo que vale es la intención.
20.- Si ganara la loteria mi vida seguiría siendo igual.
21.- Me conozco mejor que nadie.
22.- Yo no permito que me alcen la voz.
23.- Yo nunca hice mal a nadie.
24.- Yo no soy supersticioso.
25.- A mi no me asusta la vejez.
26.- Me llevo bien con todo el mundo.
27.- Yo se hasta donde puedo beber.
28.- A ver cuando nos vemos.
29.- A mi nadie me toca el culo.
30.- Con mi mujer nunca tenemos ni un si ni un no.
31.- Yo tuve una infancia feliz.
32.- No me busques que me vas a encontrar.
33.- Yo no soy rencoroso.
34.- Engáñame y vas a ver de lo que soy capaz.
35.- A mi no me compran ni con todo el oro del mundo.
36.- Yo no le hago a los demás lo que no me gusta que me hagan a mi.
37.- Siempre pienso en ti.
38.- ¡Mucho gusto!
39.- Quiero igual a todos mis hijos
40.- Jamás podría trabajar en una oficina.
41.- Te lo juro por lo que más quiero.
42.- Todo lo hice por el bien de mis hijos
43.- Yo pienso que ...
44.- No me importa lo que pensen de mi.
45.- Haré todo lo que pueda por ti.
46.- Podes contar conmigo. No te voy a fallar.
47.- Nunca gocé como esta vez.
48.- Lo siento mucho.
49.- Te estuve llamando pero dabas ocupado.
50.- ¿En que estas pensando? En nada



 
Lecturas: 178

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